«El pueblo sirio vive sin dignidad ni confianza», afirma el arzobispo

En medio de unas condiciones muy difíciles en Siria en estos momentos —y del temor por el futuro—, el arzobispo Jacques Mourad cree que el levantamiento de las sanciones traerá nuevas esperanzas. 

La situación en Siria sigue siendo de gran pobreza e incertidumbre, afirma el arzobispo sirio-católico de Homs, y muchas familias cristianas siguen intentando abandonar el país.

Siria

Según el arzobispo Jacques Mourad, la reciente sustitución del régimen de Bashar al-Assad por otro de raíces musulmanas fundamentalistas ha sembrado la desconfianza entre los distintos grupos étnicos y religiosos del país.

“El pueblo sirio vive sin dignidad y sin confianza en los demás, en el gobierno y en la comunidad internacional. Esto se ha convertido en una pesada carga sobre los hombros de la gente”, dijo el arzobispo Mourad, en una conferencia de prensa en línea organizada por la organización benéfica pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN).

Hablando desde Siria el lunes 2 de junio, el prelado explicó que aunque el gobierno ha hecho muchos gestos conciliadores hacia la comunidad cristiana y otras minorías religiosas, la presencia en las calles de milicias salafistas barbudas y fuertemente armadas deja a muchos inquietos.

“Para el pueblo sirio, es extraño. Es ajeno a ellos y a sus tradiciones. Nunca se han enfrentado a una forma tan rígida de Islam. Es extraño para ellos, y hay un cierto malestar social”.

Según el arzobispo Mourad, incluso muchos suníes —la religión mayoritaria en Siria— desconfían de los militantes que deambulan por las calles. “En la historia de Siria nunca ha habido una sola religión; siempre ha habido diversidad. Este es un lugar de encuentros, donde se dan cita todas las civilizaciones y religiones. Nuestros vecinos suníes nos dicen que no están contentos con este nuevo régimen, y se lo dicen a los demás, pero entre ellos mismos hay miedo, porque para los salafistas, si los suníes no están de acuerdo, se les considera blasfemos, y la consecuencia por blasfemia es la muerte.”

A pesar de la pesadez del ambiente, el arzobispo explica que no se puede decir que los cristianos estén siendo perseguidos actualmente en Siria. Más bien, dice, el hecho de que la aplicación regional de las normas fundamentalistas sea diferente provoca una sensación de inseguridad.

“El país es un caos, porque no hay normas comunes. Por ejemplo, en verano solemos llevar a nuestros jóvenes a campamentos de verano cerca de la costa, pero este año no vamos a hacerlo, porque nos preocupa la reacción de las nuevas autoridades de estas zonas, ya que para ellos, mezclar los sexos no se considera normal, aunque para nosotros sí. Pero, por otro lado, en mayo tuvimos nuestras tradicionales procesiones callejeras en honor de la Virgen sin ningún problema.”

Éxodo y esperanza

Ante esta realidad, muchos cristianos siguen intentando abandonar el país. Mientras que antes eran sobre todo los hombres jóvenes los que intentaban escapar al extranjero, para evitar el servicio militar, el arzobispo Mourad afirma que ahora son las familias las que no quieren que sus hijos pequeños crezcan en un país donde las calles están patrulladas por milicias salafistas. Sin embargo, afirma que hay esperanza en el horizonte, en un momento en el que se habla de levantar las sanciones que llevan más de una década paralizando la economía siria.

“Las sanciones han tenido un efecto terrible en el pueblo sirio. Tras el cambio de régimen, la mayoría de la gente perdió su trabajo y ahora no tiene medios para sobrevivir. Todos los días viene gente a pedirme dinero para comprar pan. Este es el nivel al que hemos llegado. La mayoría de la gente no tiene ni para pagar la calefacción. Se ha vuelto demasiado caro”.

«Si la decisión de eliminar las sanciones sigue adelante, entonces habrá trabajo, [una] posibilidad de cambiar y mejorar los medios de subsistencia y las oportunidades, y con suerte, la gente volverá a tener salarios», afirma el arzobispo, que cree que con mejores oportunidades económicas, el apetito por la violencia y la venganza disminuirá, lo que conducirá a un futuro mejor para todos.

Mientras tanto, explica, la Iglesia sigue siendo una de las únicas fuentes de esperanza para muchos cristianos y otros sirios que se benefician de la ayuda. «En nombre de todos los sirios, y especialmente de los cristianos, estamos enormemente agradecidos a ACN y a sus benefactores, por ayudarnos a ayudar a los sirios a sobrevivir en esta época de hambre, sed y falta de todo».

Ahora, dice, es el momento de mirar al futuro, y su visión del mismo incluye una Iglesia que trabaja para mejorar el país. “Sentimos la responsabilidad de construir un futuro para nuestro país. Queremos participar y compartir en él”.

En cuanto a las necesidades específicas de los cristianos, señala la construcción de casas, hospitales y escuelas. “Creo que la Iglesia tiene que participar en esto, y la mejor manera es organizar y apoyar grandes proyectos, que puedan dar a los cristianos empleo, trabajo y valor. Ayudar a los jóvenes cristianos que quieren casarse, sostener y animar a las familias, apoyar hospitales y escuelas para las comunidades cristianas, y animar a los que se fueron a volver, porque si ven oportunidades de trabajo, eso podría animarles a regresar.”

Tras el cautiverio del ISIS, no hay miedo

El optimismo del arzobispo frente a retos de enormes proporciones tiene su origen, dice, en su propia historia personal. En 2015, cuando aún era monje, fue secuestrado y mantenido cautivo por el Estado Islámico durante varios meses, antes de recuperar la libertad. Con esta experiencia, dice no temer lo que pueda depararle el futuro en Siria.

Arzobispo de Homs
El arzobispo de Homs (Siria), Jacques Mourad, fue ordenado obispo en 2023. Derechos de autor: Ayuda a la Iglesia que Sufre

“Para alguien como yo, que ha experimentado la libertad interior a causa de mi cautiverio, ahora no hay nada que me aprisione. Nada me pone en un estado de vulnerabilidad. Contemplo mi vida y veo que está en manos de Dios, y estoy seguro de que Él me guía. El que ha hecho este milagro por mí y me ha concedido el milagro de devolverme la libertad permanece a mi lado. Lo veo por mí y por todos, también por la presencia de los cristianos y de la Iglesia en Siria.”

—Filipe d’Avillez.