La Iglesia en Colombia presta ayuda a las víctimas del devastador terremoto mientras evalúa los daños
Un terremoto de magnitud 7,4 sacudió amplias zonas del oeste y el centro de Colombia el lunes 10 de agosto. El epicentro se localizó en el municipio de San José del Palmar, en el departamento del Chocó. Según el último informe oficial, la catástrofe ha dejado un saldo de 265 fallecidos, 3.494 heridos y 496 desaparecidos.
El terremoto que ha sacudido Colombia esta semana ha afectado a más de 53.000 personas y ha derribado al menos 257 edificios. Ciudades como Cali, Pereira, Quidbó, Manizales y Armenia permanecen en estado de máxima alerta. Ante esta situación, un equipo de ACN-Colombia, encabezado por la directora ejecutiva María Inés Espinosa Calle, se desplazará a las diócesis de Quidbo, Istmina-Tadó y Buenaventura. El objetivo de la visita es evaluar los daños causados a las infraestructuras eclesiásticas, acompañar a las comunidades locales y recabar testimonios de los agentes pastorales que han permanecido junto a la población afectada.

La oficina nacional de ACN-Colombia permanece en contacto constante con los obispos de las zonas afectadas, quienes describen un alto nivel de destrucción. El obispo Mario de Jesús Álvarez Gómez, de Istmina-Tado, ha estado recorriendo su diócesis durante los últimos días, en la medida en que el estado de las carreteras lo permite.
«La situación es terrible», declaró el obispo Álvarez a ACN. «Hay muchos más daños de lo que uno podría imaginar».
El obispo Winston Mosquera, de Quibdó, añadió que los hospitales están «desbordados». En declaraciones a ACN, el obispo Mosquera explicó que el terremoto coincidió con un periodo de transiciones parroquiales en su diócesis, durante el cual los párrocos salientes entregan sus comunidades a los nuevos. Muchos de los sacerdotes vieron cómo se derrumbaban las inversiones que tanto les había costado realizar para renovar iglesias, presbiterios y otros edificios eclesiásticos, un revés que supone «empezar de nuevo, casi desde cero».
Como suele ocurrir en estas situaciones de catástrofe, la Iglesia católica se ha convertido en uno de los primeros lugares de refugio, ofreciendo cobijo, consuelo y apoyo espiritual a las familias desde las primeras horas. La ayuda internacional y la presencia de ACN tienen como objetivo apoyar a las diócesis en su labor humanitaria y pastoral. La visita de ACN ha sido bien recibida por el clero local, tal y como ha expresado el P. Harold Romaña, tesorero de la Diócesis de Buenaventura, quien ha dicho: «Gracias por querernos tanto».
– Hernán Darío Cadena & John Camacho