El obispo Silvano Pedroso: un humilde pastor cercano al pueblo

ACN lamenta el fallecimiento del primer obispo de origen africano de Cuba.

La organización benéfica pontificia «Ayuda a la Iglesia que Sufre» (ACN) expresa su más profundo pesar por el fallecimiento del obispo Silvano Herminio Pedroso Montalvo, de Guantánamo-Baracoa, el 13 de junio, a los 73 años, tras una grave enfermedad. Su muerte supone una gran pérdida para la Iglesia en Cuba, en un momento en que el país atraviesa una profunda crisis económica y social.

El obispo Silvano durante un viaje de ACN a Cuba en noviembre de 2024

El obispo Silvano hizo historia al convertirse en el primer obispo de ascendencia africana en más de cinco siglos de historia de la Iglesia católica en Cuba. En 2018, el papa Francisco lo nombró para la diócesis de Guantánamo-Baracoa, una de las más pobres y con mayores dificultades de la isla, que se enfrenta a la falta de recursos, al aislamiento y a dificultades cada vez mayores.

ACN ha mantenido una estrecha colaboración con la diócesis de Guantánamo-Baracoa a lo largo de los años, lo que incluye la prestación de ayuda pastoral y humanitaria. Solo en los últimos cinco años, la fundación ha apoyado 13 proyectos en la diócesis, entre los que se incluyen estipendios para las misas de los sacerdotes, ayudas para el transporte, mantenimiento de vehículos, proyectos de movilidad pastoral y ayuda de emergencia para comunidades afectadas por desastres naturales.

Todos los que tuvieron contacto con el obispo Silvano lo recuerdan por su sencillez, su calidez y su inquebrantable preocupación por los demás. Durante su visita más reciente a Guantánamo-Baracoa, Verónica Katz, coordinadora de proyectos de ACN para Cuba durante los últimos cinco años, acompañó al obispo durante varios días, visitando comunidades de toda la diócesis.

«Era un hombre muy sencillo, alegre y con un gran sentido del humor. Incluso en las circunstancias más difíciles, siempre tenía una sonrisa y un chiste», recuerda Katz. «Lo que más recuerdo es lo cercano que era a la gente y la naturalidad con la que siempre pensaba en las necesidades de los demás antes que en las suyas propias».

Hay un episodio que ella recuerda con especial intensidad. Cuando recibió una caja con medicamentos, material escolar y otros artículos de ayuda proporcionados por ACN para las comunidades vulnerables, el obispo la abrió de inmediato. «Antes incluso de haberlo desempaquetado todo, ya decía: “Esto es para esta comunidad, esto es para aquella parroquia y para estas familias”. Su alegría interior provenía de saber que otros se beneficiarían de ello. Todo lo que recibía se convertía inmediatamente en una forma de ayudar a su gente», explica Katz.

También recuerda la profunda relación del obispo con la oración. «Me contó que siempre se levantaba muy temprano para rezar antes de empezar el día. Me explicó que, si no lo hacía, los retos y las responsabilidades del día lo abrumarían y no le dejarían tiempo para el Señor. Eso me causó una profunda impresión, porque ponía de manifiesto lo que realmente ocupaba el centro de su vida».

María Lozano, directora de Prensa y Relaciones Públicas de ACN, ha viajado a Cuba con frecuencia durante casi dos décadas y se mantiene al tanto de la vida y la misión de la Iglesia local. Destaca el gran impacto de esta pérdida. «Estamos profundamente entristecidos por la muerte del obispo Silvano. Es especialmente doloroso en un momento en el que Cuba necesita pastores capaces de infundir esperanza en medio de tantas dificultades. La Iglesia en Cuba ha perdido a un querido pastor, un hombre que se identificaba profundamente con su pueblo y que estaba especialmente cerca de quienes sufren».

«Su nombramiento como primer obispo de ascendencia africana en Cuba supuso un hito para la Iglesia y para la isla. No obstante, quienes lo conocieron recuerdan sobre todo su humanidad. Era humilde, alegre y muy cercano a la gente corriente», añade Lozano.

Como obispo de Guantánamo-Baracoa, Silvano Pedroso se enfrentó a diversos retos derivados de la situación económica del este de Cuba. La escasez de combustible, la falta de transporte y los recursos limitados a menudo dificultaban la labor pastoral. Sin embargo, se mantuvo centrado en garantizar que los sacerdotes, los religiosos y los fieles laicos pudieran seguir sirviendo a las comunidades que viven en toda la diócesis.

«El obispo Silvano encarnaba lo mejor de la Iglesia cubana: la cercanía al pueblo, la perseverancia en medio de las dificultades y una profunda confianza en Dios. Su vida es un reflejo de la fidelidad silenciosa de tantos obispos, religiosos, sacerdotes y laicos que siguen sirviendo a la Iglesia en circunstancias difíciles», afirma Lozano.

– María Lozano