Los obispos de Venezuela piden al país que se una para la reconciliación nacional

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Los obispos han pedido la liberación de los presos políticos, que los ingresos del petróleo se utilicen para ayudar a las clases más desfavorecidas y que se respete la soberanía del país.

La organización católica Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN) se une a los obispos de Venezuela en su petición de que todos los sectores del país trabajen juntos por la reconciliación nacional. Los obispos proponen que esta tarea se base en la noción del respeto a la soberanía nacional, la liberación de todos los presos políticos y el uso de los ingresos de la industria petrolera para compensar la pobreza de la población.

Los obispos detallaron sus ideas en una exhortación pastoral, en la que evalúan la situación actual y futura del país tras la detención de Nicolás Maduro.

Los prelados comienzan expresando su «cercanía y solidaridad» con varios de los sectores más afectados de la población, empezando por «los presos políticos y sus familias; los millones de personas que han tenido que emigrar, con la consiguiente desintegración de las familias; los que han sido víctimas de abusos y trata de personas; los numerosos venezolanos que no ganan lo suficiente para cubrir sus necesidades básicas; los ancianos abandonados y solos; los enfermos que no pueden obtener medicamentos ni acceder a los servicios de salud necesarios; los jóvenes que han visto truncadas sus oportunidades de éxito profesional y académico; los profesionales de los sectores de la educación y la salud que han estado ganando salarios miserables; las comunidades indígenas que han sido muy marginadas y desatendidas; los que han perdido sus propiedades por confiscaciones arbitrarias; y tantos otros que sufren por diferentes e injustas razones».

La Iglesia afirma su compromiso «con la promoción del bien común» y pide que todos los sectores del país antepongan este objetivo a «los intereses personales, ideológicos, partidistas, políticos o económicos». Esto requiere «procesos de reencuentro, reconocimiento mutuo, perdón y reconciliación, purificación de la memoria, en la verdad y la justicia, con un firme compromiso de respetar la dignidad de las personas y el ejercicio continuo de la fraternidad». La declaración deja claro que «este camino de educación para la paz implica la no violencia y la reconciliación (…) esto no significa olvidar, sino recordar, reparar y reconstruir los lazos de fraternidad».

Con vistas a una «democratización del país», los obispos piden «garantías de soberanía nacional» y señalan que esta se ha visto «seriamente obstaculizada» por años de «injerencia indebida de factores externos».

Con el fin de lograr un progreso pacífico, solicitan la derogación de todas las leyes que restringen las libertades fundamentales, como la libertad de expresión, el derecho al voto o las actividades de las organizaciones civiles, y exigen «la liberación total de todos los presos políticos y de las personas detenidas por motivos injustos». Una posible ley de amnistía, que los obispos apoyan, debería «ser el resultado de una amplia consulta con todos los sectores de la sociedad civil» y representaría «un importante paso adelante en el largo y difícil camino de la reconciliación nacional y el restablecimiento de la convivencia civil y democrática».

Para contrarrestar la pobreza que «agrava a la mayoría de la población», los líderes de la Iglesia piden que «los ingresos procedentes de la reactivación de la industria petrolera se utilicen para mejorar los salarios y poner en marcha programas sociales (…) que garanticen un trabajo y una remuneración dignos».

Por último, los obispos se comprometen a que todas las instituciones eclesiásticas sean «lugares de encuentro, escucha y acompañamiento, que generen signos claros y creíbles de fraternidad y reconciliación» y proponen a los católicos buscar «a través de la oración diaria, la luz y la fuerza para afrontar con firmeza la situación que estamos viviendo». Concluyen encomendándose «a la maternal intercesión de la Santísima Virgen María de Coromoto», pidiendo que «cada uno de nosotros asuma sus responsabilidades con valentía y generosidad; que juntos podamos alcanzar el progreso de nuestro país por caminos de libertad, justicia y paz».

ACN lleva más de una década apoyando a las instituciones eclesiásticas de Venezuela con el fin de aliviar las difíciles circunstancias a las que se enfrentan. A través de sus proyectos, la organización benéfica ha ofrecido apoyo espiritual y material a sacerdotes, religiosos y agentes pastorales para que puedan continuar con su misión, a pesar de los limitados recursos de que disponen.

– Xavier Burgos