Monaguillo peruano recuerda momento luminoso con el futuro Papa
Era una escena que podría haber tenido lugar en cualquier sacristía católica de estos días. Un monaguillo se presenta a misa y el cura se da cuenta de que la camiseta que lleva muestra su lealtad a un equipo deportivo concreto. El sacerdote le dice bromeando que debería apoyar a un equipo rival, al que él apoya.
Pero en este caso, ocurrió en Perú, y el sacerdote era el obispo de la diócesis ―y el hombre que se convirtió en cabeza de la Iglesia Católica la semana pasada.

El monaguillo en cuestión, Santiago, lo recuerda muy bien. Llevaba unos años oficiando misa en la parroquia de San Martín de Porres de Chiclayo (Perú). Ocasionalmente, la parroquia recibía la visita del obispo de la diócesis de Chiclayo, Robert F. Prevost, natural de Chicago y hoy Papa León XIV. El misionero agustino fue obispo de la ciudad norteña peruana entre 2015 y 2023.
«Llegué con una camiseta de los New York Knicks de la NBA, y se acercó y se burló de mí diciéndome: ‘No los apoyes a ellos, apoya a los Chicago Bulls, ¡son mejores!».
explicó Santiago a Ayuda a la Iglesia que Sufre, una organización benéfica pontificia que apoya numerosos proyectos en Perú y en todo el mundo.«Era muy divertido.Tenía un carisma que te hacía sentir parte de algo más grande».
Como monaguillo, Santiago hacía más que servir en el altar, hacer las lecturas y sostener el báculo del obispo.
Escuchaba atentamente lo que decía «Monseñor Roberto».
«Sus sermones siempre me conmovían. Eran empáticos, dinámicos, y el mensaje era a la vez claro y muy cercano, que era una forma de hacer pensar», dijo.
Santiago recuerda haberse encontrado al obispo Prevost «por lo menos seis veces», incluso cuando el papa Francisco visitó Perú en enero de 2018.
«Lo recuerdo como una persona muy alegre, muy cercana, siempre dispuesto a conversar… Tenía una manera de conectarse con todos, desde el más pequeño hasta el más grande», dijo. «También organizaba retiros para todos los monaguillos de la diócesis, y en ellos nos trataba de igual a igual, como un pastor entre su rebaño».
«Monseñor Roberto» tiene ahora un rebaño mucho mayor, y la conexión personal que Santiago siente con él le da un sentimiento de orgullo y esperanza, dice. También le ha confirmado en la creencia de que lo que está haciendo ahora con su vida es de gran importancia.
«Hoy, a través de mi servicio como promotor de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre ―ACN Perú― me siento más comprometido que nunca», dijo. «Formar parte de esta misión es una gran alegría. Poder dar a conocer la labor de ACN en tantas partes del Perú y del mundo, ayudando a seminaristas, religiosos, misioneros y comunidades que sufren por su fe, me ha dado la oportunidad de vivir mi vocación».
«En mi trabajo, difundo el mensaje de la Iglesia que sufre», continúa Santiago. «Toco corazones y conecto con más gente por esta gran causa. Y hago todo esto con el mismo compromiso y celo que cuando serví en el altar para el obispo Robert Prevost».