A pesar de los bombardeos, una religiosa permanece en Líbano

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A pesar de los continuos ataques aéreos, una religiosa ha decidido permanecer en el monasterio de San José de Ain Ebel, en el sur del Líbano, a solo cinco kilómetros de la frontera israelí, para acompañar a la comunidad cristiana.

«Todavía hay aquí unos 9.000 cristianos en tres pueblos diferentes. Estamos en peligro constante», informó la hermana Maya El Beaino, de las Hermanas de los Sagrados Corazones de Jesús y María. «No hay hospital en la zona, ni Cruz Roja, y solo tenemos tres horas de electricidad al día. Eso significa que no hay Internet ni agua».

En los últimos meses, la organización católica internacional Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN) ha proporcionado ayuda médica a 1.200 personas que, a pesar del peligro, han permanecido en Ain Ebel. También ha proporcionado paquetes de alimentos a miles de familias necesitadas del sur del Líbano.

Durante la llamada telefónica con ACN, se oían explosiones de fondo. «En las dos últimas semanas han aumentado mucho», dijo la hermana Maya, que se ha quedado sola en su convento para apoyar a la población local.

En Rmeich hay otras dos comunidades religiosas. Su presencia es un consuelo para quienes querían quedarse en su zona de origen. «Todo el mundo habla de la gente que ha huido a causa de los ataques, pero nadie habla de los muchos cristianos que se han quedado, porque tienen miedo de perder sus casas para siempre», dice la religiosa. «. Sin embargo, debido a la continua violencia, la enseñanza presencial tuvo que interrumpirse. «Vieron cómo Israel atacaba dos escuelas en Gaza. Los niños no estaban seguros aquí», explica la hermana Maya, que también es directora de la escuela.

«La situación es sencillamente terrible. La gente aún arrastra traumas de la guerra de 2006, y hay un gran temor a que vuelvan a bombardear puentes y carreteras, sobre todo ahora que se habla de una invasión terrestre.»

ACN pide oraciones urgentes por la población del sur del Líbano, por las víctimas de la guerra y los refugiados, y por el fin de la violencia. «Pedimos que el Dios de todo consuelo escuche nuestras oraciones», dijo Regina Lynch, presidenta ejecutiva de ACN. «[Pedimos] que Su amor y compasión lleguen a los corazones de las partes beligerantes, para inspirarles a encontrar soluciones pacíficas, para que la justicia y la reconciliación reinen en toda Tierra Santa y más allá».