Bamenda, Camerún: Un catecismo para enseñar la paz tras diez años de violencia

El arzobispo Andrew Nkea Fuanya, de Bamenda, está preparando un catecismo compuesto por cien preguntas y respuestas inspiradas en el mensaje de paz del papa León XIV. Con el apoyo de Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN), espera imprimirlo y distribuirlo ampliamente entre las generaciones más jóvenes de una región marcada por una década de conflicto.

Camerún es un país muy joven: alrededor del 60 % de su población tiene menos de 25 años. Sin embargo, en las regiones anglófonas del país, muchos de estos jóvenes han crecido en medio de la violencia que persiste desde 2016. La denominada «crisis anglófona» enfrenta a grupos separatistas con el Gobierno, con la población civil atrapada en medio.

«Durante estos diez años de sufrimiento», explica el arzobispo Andrew Nkea Fuanya de Bamenda, «nuestros jóvenes han crecido rodeados de violencia». Según las cifras de las que dispone, entre 8.000 y 10.000 personas han perdido la vida durante el conflicto, aunque la cifra real probablemente sea mayor; y entre 800.000 y un millón de personas se han visto obligadas a huir de sus hogares.

Las consecuencias han sido especialmente graves para los niños. Durante aproximadamente cinco años, muchos no pudieron asistir al colegio. Cuando algunas escuelas volvieron a abrir sus puertas, algunos de los niños ya habían superado la edad para reincorporarse a la educación primaria.

«La guerra ha creado una nueva generación profundamente marcada por el conflicto», afirma el arzobispo.

Cuando la violencia llega a las comunidades

La crisis también ha afectado directamente a la Iglesia. Grupos separatistas han secuestrado a sacerdotes e incluso a obispos. En una de las zonas más gravemente afectadas de la archidiócesis, los secuestros se hicieron tan frecuentes que el arzobispo Nkea anunció que cerraría las parroquias y retiraría a los sacerdotes y religiosos hasta que pudieran reanudar su ministerio con seguridad.

Pero había algo que hacía que la situación fuera aún más dolorosa. Según el arzobispo, los responsables de los secuestros no eran personas ajenas a la comunidad.

«Eran jóvenes de la propia comunidad. Muchos de sus padres eran cristianos, y algunos de ellos también se consideraban cristianos. Podían asistir a misa el domingo y, poco después, secuestrar a un sacerdote», recuerda.

Ante la posibilidad de que algunos sectores de la población pudieran responder con violencia, el arzobispo Nkea fue tajante: «No vamos a luchar contra nadie».

La respuesta de la Iglesia no sería la violencia, sino la retirada temporal de sus sacerdotes y el cierre de las parroquias.

Fue entonces cuando las propias madres comenzaron a intervenir. Hablaron con sus hijos y les advirtieron de las consecuencias de perder la presencia de la Iglesia: «No podemos vivir sin la misa»; «Si el obispo cierra los hospitales de la Iglesia, ¿adónde iremos cuando estemos enfermos?».

Poco a poco, toda la comunidad fue comprendiendo lo que estaba en juego, y los propios vecinos asumieron la responsabilidad de negociar la liberación de los sacerdotes, ya que no querían perder sus parroquias, colegios ni hospitales. Gracias a la presión de la población local, los sacerdotes fueron liberados.

Para el arzobispo Nkea, los acontecimientos de la última década han dejado profundas secuelas en los jóvenes.

«Han sido testigos de asesinatos. Han sido testigos de secuestros. Han visto cómo se ha ido deteriorando el respeto por la vida y la dignidad humanas», afirma.

El arzobispo cree que, ante esta realidad, es necesario «empezar de nuevo». Y ese nuevo comienzo debe partir de los niños: «Queremos construir una nueva cultura. Una cultura basada en el respeto a la persona humana, el valor de la vida, la reconciliación y la paz».

Un catecismo para sembrar la paz

En este contexto, la visita del papa León XIV adquirió un significado especial para la población de Bamenda y las demás regiones anglófonas. El arzobispo Nkea describe aquellos años como un período en el que su pueblo «caminaba en la oscuridad» y considera la visita del Santo Padre como un signo de esperanza tras una década de sufrimiento.

Durante su visita a Bamenda, el Papa dejó, en palabras del arzobispo, «un mensaje de paz muy poderoso».

El arzobispo Nkea no quería que ese mensaje quedara reducido a un mero recuerdo. De este deseo surgió una iniciativa concreta: un catecismo sobre la paz compuesto por cien preguntas y respuestas inspiradas en las palabras del Santo Padre.

El proyecto no está destinado exclusivamente a los católicos. A las escuelas católicas de la archidiócesis acuden cristianos, musulmanes y jóvenes pertenecientes a religiones tradicionales. Por este motivo, el catecismo no se centrará en cuestiones doctrinales, sino más bien en valores que, según el arzobispo, pueden ayudar a la sociedad en su conjunto: el respeto a la dignidad humana, el valor de la vida, la convivencia pacífica y el perdón.

En la actualidad, unos 15.000 alumnos asisten a colegios católicos de la archidiócesis, y el arzobispo espera que todos ellos se beneficien de este proyecto.

«Será un texto basado en el mensaje de paz del Santo Padre. Este catecismo no estará dirigido únicamente a los católicos. Creemos que es una forma concreta de sembrar la paz entre las generaciones más jóvenes», explica el arzobispo Nkea.

Tras diez años en los que toda una generación ha crecido siendo testigo de asesinatos, secuestros y una pérdida de respeto por la vida y la dignidad humana, la Iglesia de Bamenda quiere empezar, desde la infancia, a cultivar una cultura de respeto, reconciliación y paz.

Con el apoyo de ACN, el arzobispo Nkea espera imprimir y distribuir ampliamente el catecismo. Su deseo es que los niños puedan empezar a estudiarlo «desde una edad muy temprana».