La Iglesia de Nigeria exige justicia para las víctimas de Yelewata

Durante una misa celebrada con motivo del primer aniversario de la masacre de Yelewata, el obispo Anagbe recordó a las víctimas y renovó su llamamiento para que los desplazados puedan regresar a sus hogares de forma segura.

Un año después de la masacre de Yelewata, en el estado nigeriano de Benue, que se cobró la vida de más de 250 personas, cientos de personas se reunieron el 13 de junio para recordar a las víctimas de uno de los ataques más mortíferos sufridos por las comunidades cristianas de la región en los últimos años.

La misa conmemorativa reunió a supervivientes, familiares de las víctimas y miembros de la Iglesia local en un acto de oración y recuerdo por quienes perdieron la vida en la tragedia. La ceremonia incluyó también un mensaje de solidaridad enviado por el nuncio apostólico en Nigeria, quien les aseguró las oraciones de la Iglesia universal y recordó que, a pesar de la persecución y el sufrimiento, la misión evangelizadora de la Iglesia continuará.

En una conversación con «Ayuda a la Iglesia que Sufre» (ACN) tras el servicio conmemorativo, el obispo Wilfred Chikpa Anagbe, de Makurdi, exigió que los responsables de los ataques fueran llevados ante la justicia.

El obispo Anagbe lamentó la falta de una respuesta eficaz para proteger a las poblaciones vulnerables, señalando que Yelewata se encuentra a poca distancia de los principales centros urbanos donde están estacionadas las fuerzas de seguridad, y que la gravedad de la violencia que afecta a las comunidades cristianas de Benue sigue siendo minimizada o negada por ciertos sectores.

El obispo también abordó la situación de los desplazados internos. Insistió en que las familias que han sido expulsadas de sus tierras por la violencia no deberían verse obligadas a permanecer indefinidamente en campamentos o asentamientos temporales. «Los desplazados deben regresar a sus hogares ancestrales».

«Dios no nos ha abandonado»

Las preocupaciones expresadas por el obispo Anagbe coinciden con el testimonio que ACN recabó en Yelewata durante una reciente visita a la comunidad. Allí, los representantes de la fundación se reunieron con el padre Jonathan Ukuma, párroco local y testigo directo de la masacre.

Al recordar el ataque, el sacerdote describió el pánico que se vivió en aquella «terrible noche» en la que hombres armados asaltaron la comunidad durante más de tres horas. Muchos aldeanos se refugiaron en la iglesia, que ya se había convertido en un santuario para quienes habían huido de la violencia en otras aldeas. Al amanecer, el sacerdote se encontró con una escena devastadora. «Vimos cadáveres irreconocibles, calcinados hasta el punto de no poder identificarlos», relató. En total, 259 personas murieron en el ataque.

A pesar del trauma y el sufrimiento, el P. Jonathan decidió quedarse con su comunidad para acompañar a los supervivientes. «Dios no nos ha abandonado. La fe supera cualquier desafío», afirmó.

Un año después de la masacre, muchas familias lo han perdido todo: sus hogares, sus medios de vida y a numerosos seres queridos. «La gente necesita apoyo para recuperar su dignidad y su esperanza», subrayó el sacerdote.

El padre Jonathan reconoce que uno de los mayores retos para los cristianos afectados por la violencia es el perdón. Sin embargo, insiste en que la reconciliación es una parte esencial del camino cristiano. «Para ser perdonados, también debemos aprender a perdonar», explicó, invitando a la gente a rezar incluso por aquellos que han causado tanto sufrimiento.

– María Lozano