Venezuela: Los seminaristas ponen en práctica la teología entre los escombros
«Ver cómo la gente nos acoge y busca consuelo en nosotros es una señal de que la misión de la Iglesia es estar junto al pueblo», afirma un seminarista venezolano.
Germán Jiménez, un seminarista de la diócesis de Petare (Venezuela), se encuentra en la etapa final de su formación antes de su ordenación sacerdotal. Desde el primer momento tras el doble terremoto del 24 de junio —que causó más de 4.400 muertos, según las últimas cifras oficiales—, se movilizó para llevar ayuda material y espiritual a miles de víctimas en La Guaira, la región más afectada.

Según el seminarista, la tragedia ha dejado a los seminaristas unas lecciones que nunca olvidarán.
«Vivimos el terremoto con mucha ansiedad, nervios y miedo», explica. Cuenta que estaba estudiando en su habitación del Seminario de Santa Rita, en Caracas, cuando sonó la alerta en su teléfono y oyó «el ruido y el nerviosismo» de sus compañeros. «Salimos corriendo del edificio, preocupados por lo que estaba pasando», cuenta a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN).
Germán cuenta que, horas más tarde, los seminaristas vieron «iglesias, edificios públicos y viviendas derrumbadas», tanto en Caracas como en La Guaira, y se ofrecieron a colaborar con Cáritas y las parroquias para ayudar a las personas que habían perdido sus hogares y buscaban a sus seres queridos entre los escombros.
«He bajado a La Guaira en tres ocasiones para ver la realidad de primera mano: personas que aún tienen la esperanza de encontrar a un ser querido con vida, otras que simplemente esperan localizar sus restos», explica.
Junto con sus compañeros del Seminario de Santa Rita, ha repartido comida, colchones, ropa y medicinas, pero su prioridad ha sido «que la gente sienta que la Iglesia está con ellos», y que la Iglesia se detenga a «escuchar, dar un abrazo, una sonrisa». Como seminarista de la diócesis de Petare, está experimentando cómo «Dios se hace presente en medio de estas circunstancias».
«Aunque no seamos sacerdotes, nos ven como representantes de la Iglesia y de Cristo. El hecho de que la gente nos acoja y busque consuelo en nosotros es una señal de que la Iglesia debe estar presente sin publicidad ni esperar nada a cambio. También les recuerda que hay un Dios que los ama, un Dios que se preocupa por ellos. La misión no consiste tanto en hacer, sino en ser. El trabajo ha consistido precisamente en eso: estar presentes entre la gente y hacer que la Iglesia esté presente en medio de ellos», explica a ACN.
En medio de tanto dolor, Germán encuentra refugio en el Evangelio. Dice que le inspira el pasaje en el que Jesús calma la tormenta y pregunta a sus discípulos: «¿Por qué tenéis miedo?». «Él está en medio de la tormenta con nosotros», reflexiona.
Además, afirma que está aprendiendo mucho sobre su país, porque «esta tragedia nos ha permitido ver que los venezolanos formamos una sola familia». Por ejemplo, «los primeros en acudir en ayuda de la gente fueron los propios vecinos, gente corriente. Esta solidaridad espontánea es un signo de esperanza para nuestro país».
La historia de Germán refleja el papel que muchos seminaristas de Venezuela están desempeñando en la respuesta de la Iglesia ante la tragedia. Mientras atienden a las víctimas y les brindan consuelo, esperanza y ayuda material, estos futuros sacerdotes están aprendiendo lecciones que tendrán un enorme impacto en la vida de la Iglesia católica en muchas diócesis de Venezuela.
El domingo 12 de julio, el arzobispo de Caracas, monseñor Raúl Biord, celebró una misa de envío para los seminaristas que, tras finalizar el curso académico, viajarán a las zonas afectadas por el terremoto, donde llevarán a cabo su experiencia pastoral ayudando a las víctimas. El prelado destacó que «esta labor va a ser dura, pero es una parte crucial de una “teología viva”. La formación académica es importante, pero también lo es el contacto directo con el sufrimiento y la realidad de la gente, una experiencia que prepara a los futuros sacerdotes para su misión de servir a los más necesitados».
Germán concluye con una petición a los benefactores de ACN: «Quiero pedirle al Señor que nos conceda su misericordia en medio de estos tiempos difíciles. Venezuela lleva mucho tiempo sufriendo por tantas cosas, pero hoy, especialmente, quiero rezar para que la paz y la tranquilidad reinen en Venezuela, y para que Su presencia también reine en medio de todo lo que estamos pasando».
ACN ha aprobado una ayuda de emergencia de $114.358 dólares (100.000 euros) para las diócesis de La Guaira y Caracas, con el fin de atender las necesidades más urgentes y apoyar a los seminaristas y sacerdotes que, como él, están acompañando a las víctimas. Esta semana, una delegación de la fundación pontificia visitó las zonas afectadas por el terremoto como señal de comunión y para evaluar nuevas formas de apoyar las labores de rescate sobre el terreno.