A pesar de la guerra, la Iglesia de Goma, en la República Democrática del Congo, sigue adelante

Desde que el grupo armado M23 se apoderó de Goma, en el este de la República Democrática del Congo (RDC), en enero de 2025, la guerra ha seguido alterando la vida cotidiana en Kivu del Norte. En una intervención en la sede internacional de «Ayuda a la Iglesia que Sufre» (ACN), el vicario general de la diócesis de Goma explica cómo la Iglesia continúa su misión entre la población local.

«Cuando tenemos que viajar y desplazarnos, es normal tener miedo y ser conscientes de que existen peligros», afirma monseñor Henri Chiza, refiriéndose a los sacerdotes de su diócesis. Aunque, en general, sigue siendo posible desplazarse dentro de las ciudades, salir de ellas se ha vuelto especialmente difícil. Este es el caso de Goma. Situada en el este de la República Democrática del Congo, en la frontera con Ruanda, la capital de Kivu del Norte se encuentra en una región que lleva décadas afectada por el conflicto armado y las tensiones regionales. En enero de 2025, el grupo rebelde armado Movimiento 23 de Marzo (M23) tomó el control de la ciudad.

Monseñor Chiza y Pedro Aoun, responsable de proyectos en África de ACN

Tras la ofensiva, surgieron campamentos para personas desplazadas en Goma y en las parroquias vecinas. La Iglesia se movilizó rápidamente. Las escuelas recogieron alimentos y artículos de primera necesidad, mientras que el obispo diocesano y las comunidades religiosas organizaron los repartos. Desde entonces, algunas familias han regresado a sus pueblos, pero el desplazamiento ha dejado tras de sí miedo, desorientación y dolor. La situación militar, por su parte, sigue siendo incierta. «Cada bando se mantiene en su posición; las partes beligerantes están atrincheradas; y no hay contacto entre las fuerzas enemigas», explica el vicario general. Siguen produciéndose enfrentamientos esporádicos, sin que se vislumbre una evolución previsible. El conflicto también ha trastornado la economía local. Las restricciones a la circulación han afectado al comercio, mientras que los bancos y las empresas han cerrado, y la población se beneficia muy poco de la riqueza mineral de la región, que incluye oro, litio y diamantes.

Permanecer cerca de los fieles

Ante la guerra y las penurias que esta provoca, la Iglesia se mantiene decidida a continuar su misión entre la población, al tiempo que se mantiene al margen de las estrategias políticas de los grupos armados.

«Simplemente intentamos ceñirnos a nuestro ámbito y continuar la labor de evangelización, que es nuestra razón de ser y nuestra motivación», subraya monseñor Chiza.

«En general, no hemos cerrado ninguna parroquia», añade.

Una parroquia de Birambizo, cuyos edificios habían sido destruidos, ha reabierto sus puertas, y han regresado dos sacerdotes y un diácono. En general, los sacerdotes de la diócesis no se han visto obligados a abandonar sus misiones, aunque la inseguridad, las dificultades materiales y el sufrimiento de la población local pesan mucho sobre su labor pastoral.

La presencia de la Iglesia es especialmente importante para los jóvenes. Algunos de ellos, que ahora rondan los treinta años, nunca han conocido una vida sin guerra. En este contexto, monseñor Chiza quiere decirles que «¡la guerra no tendrá la última palabra!».

A través de las escuelas, las actividades pastorales y las homilías, la Iglesia trata de ayudar a los jóvenes a encontrar un sentido a sus vidas, a pesar del caos, y a mantener la esperanza de que vuelva la paz.

ACN apoya a la Iglesia de Goma de diversas maneras: ayuda a seminarios y seminaristas, becas, apoyo a la construcción de residencias religiosas y monasterios, y estipendios para las misas de los sacerdotes. En el país, los fieles suelen contribuir al sustento de los sacerdotes, pero las dificultades económicas han hecho que estas aportaciones sean cada vez más complicadas. Por ello, los estipendios para las misas ayudan a los sacerdotes a cubrir necesidades básicas como la ropa y el calzado. A veces también les permiten ayudar a familiares que dependen de ellos. En tiempos de crisis, este apoyo les permite continuar su misión entre los fieles.

Durante su visita a la sede internacional de ACN, monseñor Chiza quiso agradecer a los benefactores su apoyo, que tiene «un impacto considerable en la diócesis y en el bienestar de su gente».

También destacó la importancia de la ayuda de emergencia prestada por la fundación:

«En los peores momentos de la guerra, recibimos ayuda de ACN simplemente para alimentarnos, para seguir con vida».

Asimismo, invitó a los benefactores a rezar por la paz en la República Democrática del Congo, por los sacerdotes y las religiosas, y por la población que sufre.

«El vínculo más importante que debemos forjar es el vínculo de la oración», afirmó, asegurando a los colaboradores que la Iglesia local no se siente olvidada, porque sabe que puede contar con las oraciones del Papa, la solidaridad de la Iglesia universal y el apoyo de los benefactores de ACN.

– Christophe Lafontaine