Mensaje del P. Anton Lässer CP – Diciembre 1

Queridos amigos:

Como “peregrinos de la esperanza” estamos ahora celebrando el Año jubilar 2025, que concluirá con la solemnidad de la Epifanía del Señor el 6 de enero. Emprendamos ahora la recta final y entremos con alegría en este tiempo navideño para celebrar con firme esperanza la encarnación del Hijo de Dios. Aunque esta tuvo lugar en la «plenitud de los tiempos», su voluntad es realizarse siempre de nuevo en nuestro mundo y producir especiales frutos de redención en este Año jubilar. 

En todas partes percibimos un profundo anhelo de soluciones y salvación. La abundancia de impresiones, la crisis mundial, los cambios políticos y sociales que abruman a muchos, la paz amenazada… todo esto nos llega al corazón. 

También la necesidad que nos transmiten muchos de nuestros socios de proyectos despierta nuestra compasión. Los encuentros con ellos a menudo repercuten en nosotros. Los corazones se sienten heridos y anhelan la llegada de Aquel que puede vencer la culpa y curar (cf. 1 P 2,24). 

¡Dios se hace hombre para salvarnos! El Infinito, el Todopoderoso, el Inefable, el Incomprensible para nosotros, el que se presenta como ese Amor que todos anhelamos, ¡viene a nosotros! Ahora quiere entrar en nuestro mundo para curar nuestras heridas. Quiere guiarnos a la verdad plena (cf. Jn 16,13), revelarnos el plan de salvación eterno del Padre, para que nuestra vida sea buena y alcance su plenitud.

No es el poder y el esplendor, sino la humildad y la cercanía el camino elegido por Dios para llegar a nuestro corazón”.

Para todos los que pueden aceptarlo, este es un mensaje verdaderamente transformador, bueno y alegre. Un mensaje que entra en nuestra vida a través de la fe y la esperanza, no a través de la experiencia, pero un mensaje demostrado millones de veces a lo largo de la historia, creíble y viable. 

Pero ¿cómo podríamos tener fe y esperanza si Dios no se hubiera comprometido con nuestras limitaciones? “El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres” (Flp 2,6-7). 

La Navidad invierte todos los patrones: no es el poder y el esplendor desde arriba, sino la humildad y la cercanía desde abajo el camino elegido por Dios para llegar a nuestro corazón: un niño en un pesebre que nos tiende sus manos. 

“Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor” (Lc 2,11). Y este nos asegura: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos” (Mt 28,20). Son estas promesas de Dios las que nos permiten mirar al futuro con esperanza y alegría en la fe, y así avanzar hacia nuestra plenitud. 

En este sentido os deseo a todos una Feliz Navidad rica en bendiciones.

Padre Anton Lässer CP
Asistente Eclesiástico

ACN INTERNACIONAL