Mensaje del P. Anton Lässer CP – Mayo 1

Queridos amigos:

Ya estamos en mayo, el mes dedicado por la Iglesia católica de forma particular a la Virgen María. Por eso te invito a “mimar” un poco a la Virgen en este tiempo decorando altares e imágenes con flores y regalandole generosamente el rezo del Santo Rosario.

De todo el mundo nos llegan innumerables testimonios de cómo, gracias a la intercesión de María, la gente ha recibido ayuda concreta y ha presenciado milagros. En este número les presentamos algunos de esos testimonios, que versan sobre la confianza en la Virgen y su ayuda.

Siglos de experiencia cimentan esta veneración a María por parte de la Iglesia, que la honra con muchos calificativos: Madre admirable, Virgen fiel, Virgen poderosa, Madre del buen consejo, Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores, Consoladora de los afligidos, Auxilio de los cristianos, Causa de nuestra alegría…

Con esta conciencia te invitamos a unirte a esta plegaria cuando nuestro presidente, el cardenal Mauro Piacenza, junto con los peregrinos presentes de Ayuda a la Iglesia que Sufre y con ella a todos nuestros colaboradores, socios de proyectos y junto a ustedes, nuestros benefactores, consagre a través de María nuestra fundación a Jesús en la peregrinación del Jubileo en mayo en Roma: 

Oh María, Madre de Dios! en esta hora tan especial recurrimos a ti. Nada de lo que nos preocupa se oculta a ti. Madre de la misericordia, cuántas veces hemos experimentado tu ternura providente y tu presencia pacificadora, desde la que siempre nos conduces a Jesús, Príncipe de la Paz.

Reina del Rosario, despierta en nosotros de nuevo la necesidad de orar y amar. 

Reina de la familia humana, muestra a los pueblos la senda de la fraternidad.

Reina de la paz, pide para el mundo la paz.

Santa Madre de Dios, en esta hora la humanidad, agotada y abrumada, está contigo al pie de la cruz. Sentimos la necesidad  de rogarte ayuda y de consagrarnos a Cristo a través de ti.

A ti nos encomendamos y también consagramos, a través de tu Inmaculado Corazón, a tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor y nuestro Dios, a Ayuda a la Iglesia que Sufre, a todos sus colaboradores, a nuestros benefactores y a todos aquellos a quienes tenemos el privilegio de servir, nuestros proyectos, planes y viajes, asÌ como a nuestras familias y nuestras vocaciones, y a todos aquellos de quienes somos responsables ante Dios.

Acoge, misericorde, este acto de consagración que realizamos con confianza y amor. Haz que sirvamos a Dios y a los hombres de modo justo y protégenos en este tiempo de todos los peligros.Acompáñanos y condúcenos con seguridad hacia el objetivo de nuestra vida: la perfecta comunión en Dios a través de Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 Unidos en la oración, todo suyo,

Padre Anton Lässer CP
Asistente Eclesiástico

ACN INTERNACIONAL