Fotos: Venezuela, diario de una emergencia. ACN viajó a Venezuela. Julio 7 de 2026. ©ACN
Venezuela en crisis - Da una mano
Actualización 20/7/2026 | BALANCE OFICIAL (ONU):
+ 5.208 fallecidos confirmados
+ 16.740 heridos
+ 6.462 personas rescatadas
+ 50.000 personas desaparecidas o aún atrapadas entre los escombros
+ 23.820 familias oficialmente registradas como afectadas (aunque se calculan 128.354 familias impactadas y se deben atender más de 1.600.000 personas durante los próximos 6 meses) ACN está al lado de la Iglesia en Venezuela desde hace una década y la apoyará en su respuesta a esta emergencia. ¿Nos ayudas?
VENEZUELA: DIARIO DE UNA EMERGENCIA
Nuestra enviada, María Lozano, directora de comunicaciones de ACN, lo vivió de cerca y nos lo cuenta hoy.
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Día 1: La Iglesia en la calle
En la parroquia de San José, el techo se vino abajo por completo. El párroco me dijo una palabra: milagro. Era día festivo y habían adelantado la misa a la mañana; cuando el templo cayó, estaba vacío. Hoy la comunidad celebra la Eucaristía en la calle, cada día. Los oí cantar en mitad del tráfico y entendí lo que Monseñor Biord llamaba “la iglesia en las calles”: una iglesia testimonial, que da testimonio de fe justo cuando todo tiembla. Sobre el altar improvisado alguien puso banderas de Venezuela. Porque hoy, este país entero es una ofrenda.
Día 2: Bajo la mirada de Coromoto
Subimos a la colina, a la capilla de Nuestra Señora de Coromoto, inaugurada apenas en noviembre. El muro del altar y el sagrario cayeron. Lo primero que hicieron no fue lamentarse: le pidieron a los rescatistas que recuperaran las formas consagradas. Bajo la mirada de la Madre y Patrona de Venezuela, la comunidad sigue de rodillas, unida en la caridad y en la fe.
Día 3: “La casa del pueblo” en Caracas
En la Plaza de la Moneda hay un campamento de trescientos refugiados que dependen de la parroquia Nuestra Señora de Altagracia. Me esperaba encontrar la ayuda organizada desde un escritorio; encontré al Padre Nelson —encargado de la emergencia en la diócesis y párroco del Buen Pastor— sentado en el suelo, delante de las carpas, con una familia al lado y un niño pegado a él. No visita a su gente desde arriba: se sienta con ella.
Unas calles más allá, la parroquia de San José y San Benito de Ávila, dentro de un viejo claustro benedictino, se ha convertido en un gran centro de acopio de Cáritas. Parte de su cúpula se derrumbó y arrastró un piso del claustro. El edificio está herido; adentro, el trabajo no para: manos jóvenes empaquetando agua, alimentos y medicinas. Como me dijo un sacerdote, la casa parroquial se volvió la casa de todo el mundo. Porque la iglesia, insistía, no son los templos: es la gente.
Día 4: Refugio para los que lo han perdido todo
Salimos de Caracas muy temprano, rumbo a La Guaira, la zona más devastada por el terremoto. El día anterior habíamos recorrido las plazas de la ciudad, convertidas en refugio para quienes lo perdieron todo. Muchos edificios de Caracas no se derrumbaron, pero ya no pueden habitarse. Llevan doce días acampados. Vi familias de siete, diez personas metidas en pequeñas tiendas de camping: niños y ancianos soportando el calor del día y las lluvias fuertes de la noche.
También visitamos varias iglesias dañadas. Ahora la Misa se celebra en la calle, cada día, un testimonio auténtico de fe y de resiliencia en medio del dolor. Por eso les pido que no dejen de acompañar a Venezuela. Esto va para largo. Todos nos han dicho lo mismo: la fase más difícil apenas comienza, porque no hay solución rápida para una crisis de esta magnitud.
Día 5: El seminario que se quedó mirando al cielo
Entré con Monseñor Pablo Modesto al seminario de La Guaira. Duele. Una pared del segundo piso cayó al patio; los libros de teología quedaron regados por el suelo; desde el auditorio se ve el cielo, porque también perdió su muro. La capilla estaba dedicada a Nuestro Señor de los Temblores. Nadie murió allí: sacaron en brazos a dos enfermos, y dos seminaristas que estaban en la ducha salieron sin un rasguño. Los seminaristas salen a diario a dar consuelo y ayuda espiritual a las víctimas de los terremotos, la misión sigue.
Día 6: Los fogones que quieren volver a encenderse
En San Sebastián de Maiquetía, la fachada se derrumbó, pero la casa parroquial sigue siendo la casa del pueblo. Desde hace más de quince años funciona ahí un comedor popular. “Aprendí a ver a Dios en la cara de la gente que sufre”, me dijo el sacerdote, con el corazón en la mano. Quieren volver a encender los fogones para los más vulnerables. Su versículo, repetido como consigna: ama a tu prójimo como a ti mismo.
Día 7: “Los que sostienen la fe”
En Caraballeda, la parroquia de Nuestra Señora de la Candelaria —a cargo de los padres orionistas— quedó a medio terminar por el sismo. Pero arriba la gente reza el rosario y se confiesa, y abajo, en el mismo edificio, funciona un centro de ayuda. Rezar y repartir pan, bajo el mismo techo. El párroco, Laudeces Betancourt, sostiene las dos cosas a la vez.
Ese mismo día vi llegar tres camiones de insumos a una parroquia. El sacerdote fue tajante con su comunidad: todo se va a entregar, porque nos lo dieron para dárselo al pueblo. Y un voluntario, al despedirse, me dejó la frase que resume estas semanas: hay que confiar en la Providencia, porque aun en medio de la tormenta siempre encontramos a Cristo en la cruz, y a Él no se le rechaza.
Después de un mes, ¿qué sigue?
Desde las primeras horas, ACN estuvo junto a la Iglesia venezolana: capillas convertidas en centros de acopio, entrega de agua, alimentos y medicinas, comedores populares que quieren volver a encender sus fogones, sacerdotes durmiendo junto a las familias en las plazas. Gracias a tu generosidad, la Iglesia ha podido ser refugio, consuelo y pan caliente.
Pero ahora empieza lo más duro. Como nos repitieron sacerdotes y obispos: no hay una solución rápida. Cuando los reflectores se apaguen, quedarán las familias sin casa, los seminarios sin paredes, las parroquias sin techo y los corazones sin sus muertos. Esta es la hora en que la Iglesia no puede quedarse sola. Es momento de una ayuda constante, ¡hazte donante mensual!
ACN VISITA VENEZUELA
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Novedades desde el terreno
La Iglesia no se ha movido de su sitio. Tras los devastadores terremotos del 24 de junio, ya se han rescatado 6.462 personas. 86.794 familias atendidas con 9.6 millones de kilos de alimentos distribuidos. Hay que conservar la esperanza y tu aporte la mantiene viva.
Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN) viajó a Venezuela para acompañar la respuesta de la Iglesia local. Nuestra presidenta ejecutiva, Regina Lynch, visitó las comunidades afectadas y fue testigo de la enorme solidaridad del pueblo venezolano, que, aun en medio de la adversidad, continúa ayudando a quienes más lo necesitan.
Noticias de la Iglesia que Sufre en Venezuela

Venezuela: «La Iglesia es más que edificios. Estamos con la gente en las calles»
La Iglesia ha estado presente en las calles de La Guaira y Caracas para atender y acompañar a las miles de víctimas del doble terremoto que causó una gran destrucción en Venezuela el 24 de junio.

La situación en Venezuela es «apocalíptica», pero la Iglesia está organizada y está dando respuesta
«No me esperaba un alcance de destrucción semejante», afirmó Lynch. «Cuando llegas allí y ves esas montañas de escombros por toda la ciudad, y equipos de hombres y excavadoras rebuscando entre los escombros —ya no buscan supervivientes, ha pasado demasiado tiempo— o simplemente ves enormes bloques de pisos inclinados en los que, obviamente, ya nadie puede vivir, es apocalíptico».

Venezuela: Los seminaristas ponen en práctica la teología entre los escombros
Germán Jiménez, un seminarista de la diócesis de Petare (Venezuela), se encuentra en la etapa final de su formación antes de su ordenación sacerdotal. Desde el primer momento tras el doble terremoto del 24 de junio —que causó más de 4.400 muertos, según las últimas cifras oficiales—, se movilizó para llevar ayuda material y espiritual a miles de víctimas en La Guaira, la región más afectada.

VENEZUELA: «Cuando cae la noche, el corazón se oprime y las lágrimas brotan»
A la entrada de la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria, en la costa caribeña de Venezuela, los fieles se encuentran con un cartel en el que figuran tres listas: los fallecidos, los desaparecidos y los rescatados.
La iglesia, situada en la ciudad de Caraballeda, está en construcción y aún no tiene paredes ni techo. Y, sin embargo, cada día se llena de gente: de vivos y de muertos.

El nuncio papal en Venezuela insta a que se siga prestando ayuda a las víctimas del terremoto
«Es terrible ver tantos edificios» destruidos «y conocer el número de víctimas y de enfermos», declaró el arzobispo Alberto Ortega Martín, nuncio apostólico de la Santa Sede en Venezuela, a «Ayuda a la Iglesia que Sufre» (ACN). «Pero es hermoso ver la solidaridad, la caridad de tanta gente… personas de todas partes que están echando una mano».

Los venezolanos no dejan que la pobreza les impida ayudar a los más necesitados
Lynch y un pequeño equipo de la sede central de ACN en Alemania volaron a Bogotá, Colombia, y de allí a Valencia, Venezuela. Los dos terremotos que devastaron el país el 24 de junio causaron graves daños al principal aeropuerto de las afueras de Caracas.