Mensaje de Regina Lynch – Julio 1
Queridos amigos:
Desde los inicios de Ayuda a la Iglesia que Sufre en 1947, siempre nos hemos encomendado por completo a la Divina Providencia, que actúa a través de la generosidad de la viuda del Evangelio, que donó lo poco que podía permitirse. A algunos les puede parecer una locura esta confianza en la bondad ajena, sobre todo, en el mundo actual, donde tantas cosas se planifican minuciosamente, sin dejar nada a la espontaneidad y al arbitrio ajenos. No obstante, pese a esta tendencia, Ayuda a la Iglesia que Sufre no ha dejado de experimentar la confianza y fidelidad de personas que comprenden que en otras partes del mundo hay cristianos que sufren más que ellas.
Con mi columna de hoy quisiera dar las gracias a cada uno de los que, de una u otra manera, habéis apoyado la misión de Ayuda a la Iglesia que Sufre, consistente en ayudar a nuestros hermanos y hermanas en la fe y, sobre todo, a aquellos que son perseguidos por su fe. Los benefactores que ya han fallecido sin duda ya han recibido su recompensa en el cielo. Y los benefactores que aún estáis a nuestro lado debéis saber que en el mundo entero hay comunidades católicas que rezan por vosotros en señal de gratitud por vuestra generosidad desinteresada.
Queda aún tanto por hacer, pero la confianza de Ayuda a la Iglesia que Sufre en la Divina Providencia y el óbolo de la viuda permanece inquebrantable.

Regina Lynch
Presidenta Ejecutiva





