Mensaje del P. Anton Lässer CP – Boletín Febrero 2026
Queridos amigos:
La sabiduría y la gran experiencia que acumula nuestra querida Iglesia en torno a la condición humana siempre me llenan de alegría, y en mi viaje a Turquía con motivo de la celebración del 1700 aniversario del Concilio de Nicea pude reencontrarme con dicha sabiduría, expresada en palabras. De diferente manera, también la advertimos en el nombramiento de nuestro nuevo presidente, S. Em. Cardenal Kurt Koch, por parte del Santo Padre, el Papa León XIV. Este nombramiento también es motivo de gran alegría para todos nosotros.
Otra expresión del profundo conocimiento de la condición humana que me llena de alegría estos días es el don de la gracia de la Cuaresma. La Iglesia nos regala este tiempo porque nos hace bien. A través de la renuncia a sí mismo, conquistamos nuevas libertades: la libertad de reconsiderar y corregir nuestros hábitos y ataduras; la libertad de volver a centrar nuestra atención en lo esencial y decisivo de nuestra vida, a saber, nuestro Señor Jesucristo, y la libertad de traducir el amor y la compasión hacia nuestros semejantes en acciones concretas. La Cuaresma es la oportunidad de liberarnos para el amor.
¿Acaso no es cierto que, a menudo, los bienes que llamamos nuestros nos poseen más a nosotros que nosotros a ellos?
“La Cuaresma es la oportunidad de liberarnos para el amor”.
Precisamente eso es lo que Jesús nos señala cuando dice: “No pueden servir a Dios y al dinero” (Mt 6,24). Permítame darle al respecto un consejo práctico: a la hora de renunciar, no elijan algo banal, sino algo que sabes que no te hace bien a ti o al prójimo, porque te ata o quita demasiado tiempo, como la televisión, el móvil, las redes sociales u otros hábitos. Y aprovecha ese tiempo libre para encontrarte con Jesús, por ejemplo, leyendo las Escrituras, rezando o realizando obras de caridad.
La misión encomendada por Jesús — “Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Noticia a toda criatura” (Mc 16,15)— también se fundamenta en el conocimiento de la condición humana. Lo que dice san Agustín es aplicable a todas las personas: “Nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Dios”. La paz profunda, la seguridad existencial y la plenitud del ser humano solo se encuentran en el Evangelio cristiano. Por lo tanto, la misión que encomienda Jesús sirve al verdadero objetivo y al bien supremo del ser humano… y, al mismo tiempo, a los propios misioneros, porque son sobre todo ellos quienes experimentan de forma viva la presencia y la obra del amor de Dios.
En este Boletín les presentamos a algunos misioneros que, con su ser y su obra, hacen visible como la misión encomendada por Jesús trae salvación y vida. Profundamente agradecido por ayudarnos a apoyar a los misioneros, ¡un saludo!
Padre Anton Lässer CP
Asistente Eclesiástico
ACN INTERNACIONAL






