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La Iglesia que sufre

Un vehículo para los capellanes de prisiones en Egipto

«Hoy estarás conmigo en el Paraíso» (Lc 23, 43). Esa fue la promesa que Jesús hizo al buen ladrón que estaba colgado junto a Él en la cruz. Hoy en día, suelen ser los capellanes de prisiones quienes son testigos de milagros similares de conversión en los corazones de antiguos delincuentes cuando estos se encuentran con Jesús.

«Hospitales especiales para las almas»: así describió una vez las cárceles un sacerdote que trabajó durante muchos años como capellán de prisión. Muchos de los reclusos están destrozados —espiritual, psicológica y moralmente— y, sencillamente, no saben cómo escapar del círculo vicioso en el que están atrapados. Por ello, el sacerdote debe hacer gala de mucha paciencia, tacto y empatía para ganarse la confianza de los implicados.

Declaraciones de un capellán de prisión en Egipto, 2025

Los gestos concretos de bondad suelen ser lo que lleva a la reflexión a quienes, en un principio, no querían saber nada de la fe ni de la religión. «¿Por qué hace esto este sacerdote por nosotros?», se preguntan cuando los capellanes presionan para que se trate a los presos de forma más humana, dado que las condiciones en muchos países son espantosas, con celdas minúsculas, infestadas de parásitos y superpobladas. Muchos presos mueren por falta de atención médica; la brutalidad y la tortura son habituales. El mero hecho de que alguien se preocupe por su bienestar es, para estos presos, la primera señal de amor y respeto hacia su dignidad humana. Es entonces cuando muchos empiezan a hacerse preguntas y a hablar con el sacerdote sobre sus vidas.

El paso más importante, pues, es reconocer sus pecados, sentir remordimiento y proponerse empezar de nuevo. Una vez que son capaces de abrir su corazón a la misericordia de Dios, pueden emprender el camino de la sanación interior y hacia una nueva vida.

El apoyo y el acompañamiento también son fundamentales para las familias de los reclusos, que a menudo se quedan sin su único sustento y se enfrentan a una verdadera pobreza material, social y espiritual. Ante esta realidad, los capellanes también tienden la mano a las familias.

Gracias a vuestra ayuda, podemos apoyar la pastoral penitenciaria en muchos países diferentes. En Egipto, por ejemplo, las cárceles se construyen deliberadamente en el desierto, lejos de los núcleos de población, por lo que disponer de un vehículo es una necesidad indispensable para los capellanes.

Para hacer frente a estas dificultades en la diócesis de Al Qusia, estamos contribuyendo con 11.800 dólares para la adquisición de un vehículo adecuado.

Una y otra vez se nos pide que colaboremos en la formación de los capellanes de prisiones, así como con Biblias y otros textos religiosos, para que los reclusos puedan conocer mejor a Jesús.

¿Nos ayudarás para que la misericordia de Dios pueda seguir obrando milagros de conversión en los corazones de los antiguos delincuentes? 

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