Mensaje de Regina Lynch – Boletín Mayo 2026

Queridos amigos:

Cuando el 9 de agosto de 1945 se lanzó la bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Nagasaki, unas 40.000 personas murieron en el acto; decenas de miles fallecieron en los meses siguientes a causa de la radiación. Entre los que perdieron la vida de inmediato se encontraban 8.500 miembros de la pequeña comunidad católica, que contaba con 12.000 fieles. Los supervivientes quedaron marcados por los efectos físicos y psicológicos de la bomba. Además de sus hogares, los católicos perdieron su catedral dedicada a la Inmaculada Concepción, pero, milagrosamente, una de las dos campanas quedó intacta. Se convirtió en un símbolo de esperanza para los fieles. En 1959 se inauguró la nueva catedral con esta campana y en 2025 se instaló por fin una segunda campana.

¿Qué podemos aprender de los católicos de Nagasaki? Mucho antes de que la bomba atómica cayera sobre la ciudad, los antepasados de estos piadosos católicos habían mantenido viva su fe, a pesar de sufrir persecución por ello. Durante dos siglos no hubo sacerdotes católicos en Japón, pero los laicos bautizaban a sus hijos, enseñaban el catecismo y rezaban el rosario. Ya sabían entonces, y también después de agosto de 1945, que Nuestra Señora intercedería por ellos ante Dios, nuestro Padre. No olvidemos el poder del rosario, sobre todo en este mes de mayo.

Regina Lynch
Presidenta Ejecutiva